En este nuevo escenario, emergen otros protagonistas. China lidera globalmente la producción de paneles solares (más del 80%) y baterías de ion-litio (más del 60%), además de controlar gran parte del refinado de minerales críticos como el cobalto y las tierras raras. América Latina también gana terreno con el “triángulo del litio” —Argentina, Bolivia y Chile— que concentra cerca del 60% de las reservas mundiales. Mientras tanto, EE.UU. y la Unión Europea lanzan planes como el Inflation Reduction Act y el Green Deal, buscando atraer inversión y reducir su dependencia de China.
No obstante, esta transformación implica nuevos riesgos. La concentración de minerales estratégicos podría generar tensiones similares a las del petróleo. También existe el peligro de una brecha tecnológica entre países industrializados y en desarrollo, además de conflictos sociales por la explotación de recursos, especialmente en regiones vulnerables. La transición no solo es energética: es económica, política y social.
karla flores